La celebración de elecciones libres, independientemente del país donde se desarrollen son motivo de orgullo. La elección de un gobernador en manos del pueblo es el símbolo más claro de soberanía política y participación ciudadana. En algunos casos el resultado de este proceso, es decir, la elección presidencial, es el principal objetivo. En otros, el solo hecho de poder realizar este proceso en un marco de normalidad es un logro.
¿Que se elige? La respuesta fría y pragmática a la interrogante señalaría: un presidente. La respuesta que el votante tiene en la cabeza: una esperanza.
Las urnas han recibido varios millones de votantes que emocionados por la ilusión que se les ha vendido. Esperan verdaderamente un cambio. La democracia se ha vestido con sus mejores galas para lucir esplendorosa en su más sagrado ejercicio. Lo que venga después...ya veremos.
El pueblo guatemalteco ha decidido poner en el ring para la segunda ronda a dos de sus peleadores mas fuertes. Lamento la analogía con los cómics pero me cuesta hablar en términos mas serios cuando los candidatos se expresan con tan bajo nivel para venderse a si mismos.
Los guatemaltecos han reducido a dos figuras la nómina de aspirantes que lucharán por dominar el país y luchar contra las fuerzas del mal. Por un lado Otto "Ironfist" Pérez y por el otro Manuel "Pena de muerte" Baldizón. Del primero...que puedo decir, es un general y así deben ser los generales: duros, certeros, mortíferos, inhumanos. Del segundo, me es mas ambiguo pues entre los cuestionamientos a sus nexos y el concepto de democracia renovada al que hace alusión, solo me deja una nube de dudas.
No habría que tener demasiados conocimientos sobre estrategia de campaña para darse cuenta que la lucha por obtener electores se daría alrededor del tema de la violencia. Con unas 500 muertes violentas al mes, la mafia controlando el comercio, el país en medio de la ruta de la droga, una población analfabeta y la pobreza como modo de vida, los guatemaltecos han apuntado a buscar alguien que les garantice al menos, no morir en las calles víctimas de la delincuencia común. Ante tal magnitud del problema, el desarrollo del ser humano, el rescate y valorización de las minorías, el despegue de la inventiva del pueblo, el mejoramiento de la educación y el compromiso ambiental parecen diminutas necesidades si se les coloca en un radio cercano.
La solución que proponen los candidatos utiliza la demagogia pura para disfrazar con democracia un discurso populista y vender la ilusión de un cambio que nunca llegará. El pueblo guatemalteco ha caído en desesperación ante el sentimiento de abandono e inseguridad en el que existe. Ante esta necesidad, los candidatos han propuesto soluciones duras y concretas para acabar con la violencia, como si se tratara de un accesorio de la sociedad que puede ser distinguido y extirpado como se haría en una cirugía con bisturí.
La violencia se esconde en todo lugar y sus causas son tan diversas como complejas. Aquel sicario que ejecutarán no es más que la punta del iceberg. Debajo de él habrán miles de razones y fenómenos sociales que lo justifiquen y peor aún, habrá una lista de personas que estén dispuestas a tomar su puesto y relevarlo. La violencia crece como un monstruo de mil cabezas, eso lo sabe el pueblo y por eso ha decidido buscar a alguien que acabe con la amenaza.
Francamente esperaba mas de este proceso electoral pero entiendo que una generación posterior a la firma de los tratados de paz centroamericana no es suficientes para hablar de una madurez democrática -si es que esta existe en América Latina-. Seguiremos como vecinos, la historia muy de cerca, pues no hemos andado muy lejos de que el proceso electoral costarricense caiga en estas tendencias, mientras tanto, espero que el pueblo guatemalteco no se ha haya equivocado en elegir como presidente a un superhéroe y no un ser humano.
Comentario sobre artículo tomado del NYT: http://www.nytimes.com/2011/09/13/world/americas/13guatemala.html?ref=world
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